De acuerdo a la Observación General número 15 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales1,”El derecho humano al agua es el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico”.

Como se ya ha señalado en la nota referida al Día Mundial del Agua, este liquido vital debe de ser visto en el marco de los Derechos Humanos: la posibilidad de acceso al agua determina áreas indispensables para -en primer lugar-, la existencia humana: sin agua en calidad y cantidad suficientes, no se puede conservar o recuperar su salud, tampoco puede producirse alimento; el derecho a la vivienda no es posible sin el acceso al agua y al saneamiento; el derecho a la educación y al trabajo tampoco pueden ser ejercidos cuando se carece de agua, y así una amplia gama de actividades humanas.

En este contexto, ¿qué horizonte se puede imaginar cuando una comunidad carece del agua suficiente para satisfacer sus necesidades más elementales? ¿Qué futuro pueden imaginar esas poblaciones cuando en pos de la avaricia de unos pocos, son despojadas de los ríos de los que siempre se han abastecido?

 

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